Nuestros pueblos costeros.Canarias

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Cho Vito, década de los 60

sábado, 7 de julio de 2012

Todavía no nos lo creemos´

Los residentes del macizo desconfían de la sentencia que evita el derribo de sus viviendas



"Todavía no nos lo creemos del todo que nos hayamos librado de quedarnos sin casa", confiesa Armenia Rodríguez desde detrás del mostrador de la pequeña venta que regenta en Almáciga. A pesar de que la noticia acerca de la salvación por parte del Supremo de 250 inmuebles de este núcleo del litoral de Anaga y de Roque de las Bodegas se ha propagado rápidamente entre los afectados y el resto de vecinos, aún muchos temen que la sombra de la demolición vuelva a planear sobre este barrio costero.

Según confiesan los residentes en Almáciga, las imágenes de los derribos en lugares como Cho Vito permanecen grabadas en sus cabezas con la misma intensidad al miedo a perder sus viviendas. "Aquí la gente lo ha pasado muy mal durante demasiado tiempo. Hemos recibido muchos palos y nos han mentido mucho miedo desde las administraciones y, claro, todo eso hace que la gente desconfíe", explica Ignacio del Castillo, el presidente de la Asociación de Vecinos Virgen de Begoña.


"Los vecinos temen volver a las andadas y se preguntan si basta con la sentencia del Supremo o vendrá luego un nuevo problema. Ahora falta la declaración para Anaga de Reserva de la Biosfera para garantizar que nunca habrá derribos", apunta Guillermo Borges, el responsable del colectivo Amigos de Anaga.

Para disipar todas estas dudas, será el propio abogado de los vecinos el que explique a todos el próximo día 19 los detalles de la sentencia del Tribunal Supremo. Será entonces, prevé Del Castillo, cuando los residentes en Almáciga puedan pasar página y recobrar paulatinamente la tranquilidad perdida hace demasiados años. "Nos ha costado más de 35.000 euros y aún falta. Ahora hemos ganado y todavía necesitamos 6.000 euros más para abonar a nuestro abogado, los viajes, los informes y el papeleo", manifiesta este representante vecinal.

Según explica el presidente de este colectivo vecinal, ni siquiera su propia mujer cree que este David haya podido con su particular Goliat. "No estoy tranquila del todo. Temo que vuelvan a tocarnos las narices cuando pase un tiempo", reconoce Dolores Alonso, la aludida. "Mi marido se lo cree, pero yo tengo mis dudas", añade.

Y es que, según afirma Alonso, los quebraderos de cabeza, las tensiones, las muchas reuniones y el fuerte desembolso realizado por estos chicharreros para defender sus casas no se olvidan de un día para otro. "Cuántas veces nos manifestamos contra los derribos, cuánto dinero hemos invertido para conservar nuestras casas...", afirma con gesto de rabia al recordar vivencias como los derribos en Cho Vito. "Veíamos por la televisión las imágenes y temíamos que cualquier día se presentasen aquí las grúas", rememora.


Norberto Izquierdo sonríe ahora al echar la vista atrás hacia esos instantes especialmente emotivos. La venta que regenta junto con Armenia, su mujer, ha albergado durante mucho tiempo cientos de conversaciones sobre los efectos de la Ley de Costas. Antes apenas nadie en Almáciga sabía que era el dominio marítimo-terrestre ni el deslinde. Ahora es raro el vecino que no haya incorporado estos conceptos técnicos a su vocabulario. "¿Cómo íbamos a saber de cosas así? Aquí sabíamos de cabras y vacas, que son con lo que hemos crecido", se pregunta Benita Sosa, una de las clientas habituales del establecimiento.


Para Izquierdo, la sentencia del Supremo era la única vía posible para garantizar el futuro de Almáciga y el Roque de las Bodegas y, de paso, combatir la progresiva despoblación de estos caseríos de Anaga. "Esto no son segundas residencias como en Cho Vito. Aquí no tenemos otra vivienda, ¿dónde íbamos a ir?", razona. Ahora, Izquierdo, espera que la sentencia se traduzca en una mayor seguridad a la hora de vender o alquilar los inmuebles del barrio. "Eso sí, que no dejen construir más", apostilla.

A sus más de 70 años, Víctor González cuenta que solo la amenaza de que derribaran su casa y lo obligaran a dejar el barrio casi acaba con él. "Si nos hubieran sacado de aquí nos hubiéramos muerto. No podría vivir sin esta tranquilidad y sin estar cerca del mar", afirma. A punto de calzarse las botas para dirigirse a su huerto, este vecino de Anaga cree que la sentencia del Supremo permitirá mantener vivo un modelo de entender la vida que "ya no existe" en otros puntos del municipio capitalino. "En Almáciga vivieron mis bisabuelos, mis abuelos, mis padres y yo. Ahora podrán hacerlo también mis nietos", explica. No obstante, confiesa que aún recela de la noticia. "¿Qué haría usted si le hubieran mentido tanto como a nosotros?", concluye


http://www.laopinion.es/tenerife/2012/07/07/todavia-creemos/422415

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